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martes, 31 de enero de 2006

Los Fitipaldis

hay que cortarles las alas

Noticia trágica el pasado fin de semana: “Iba en taxi a Barajas y murió al salir despedida tras un choque”. Se achaca el fatal desenlace a que no llevaba el cinturón de seguridad abrochado pero en la noticia el exceso de velocidad queda en segundo plano. Sin embargo, no hace falta ser un experto para deducir que la principal causa de este accidente, a juzgar por las imágenes, fue precisamente el exceso de velocidad.

Quien frecuente la zona se habrá percatado de las velocidades de vértigo a las que van los taxistas que cubren el servicio del aeropuerto de Barajas. Esta práctica se hace aún más peligrosa porque en ese punto confluimos quienes vamos despacio, despistados, leyendo los carteles y ellos, los amos de la carretera, que se conocen la zona de pe a pa y circulan como alma que lleva el diablo.

Quien quiera corroborarlo sólo tiene que coger el desvío de la A-2 y, a continuación, al entrar en la curva a izquierdas que hay antes de enfilar la recta que nos conduce a las distintas terminales, tener la osadía de quedarse en el carril de la izquierda a velocidad generosa (100-120 km/h). Lo que les puede pasar entonces será que les den las largas para que se quiten, que les adelanten por la derecha o que les metan el claxon por donde ustedes saben increpándoles por "patosos". Tengan en cuenta una cosa: ellos tienen prisa y 120 Km/h es poco...

No obstante, quede claro, el trágico suceso de este fin de semana parece ser que no fue culpa del taxista. Quien circulaba a gran velocidad era el otro vehículo implicado en el choque, un Ford Mondeo.

Este tramo de la A-2 y los siguientes metros de asfalto que nos conducen al aeropuerto suelen ser escenario de múltiples accidentes. Sólo se podrán evitar si se toman medidas drásticas, empezando por instalar radares multando a todo el que infrinja la normativa en cuanto a límites de velocidad.

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