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martes, 18 de enero de 2005

Desagradecidos

Adictos a lo gratuito

El artículo 20.1. de la Constitución reconoce y protege el derecho a recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.

Hace relativamente poco los ciudadanos, o sea la prole, tenemos el privilegio de acceder a prensa gratuita porque proliferan los diarios gratuitos. Desde ese momento... ¡qué cultos somos! pensarán los que vienen de fuera y ven en el transporte público a todo dios con el periódico en la mano.

Desgraciadamente el carácter latino es un carácter pícaro. En centroeuropa la prensa se vende en régimen de autoservicio de forma que tras coger el periódico insertas una moneda en una huchita. Aquí sería inviable. No sólo se llevarían los periódicos sino también la hucha.

En cuanto a la entrega de productos gratuitos por parte del sector privado quiero decir que al consumidor no le queda más remedio, aunque sea por ética, que ser agradecido, como dice el dicho, siendo, por ello, un malnacido el que no agradece lo que le es dado. Y es que cada vez es más frecuente ver cómo el dicho "el cliente siempre tiene razón" se extrapola incluso a lo que es gratis y los que adquieren algo, por el mero hecho de hacerse propietarios, exigen.

Si hay una promoción en la que regalan camisetas, ahí está la gente aglutinada para llegar antes a base de codazos; si la compañía X regala el acceso a Internet, ahí están los "clientes" llamando al soporte técnico para quejarse por las deficiencias del servicio; si nos regalan el periódico todos los días, ahí estamos para criticar y decir indignados que podían mejorar haciendo esto o lo otro. ¿Quién no conoce a alguien que va vestido con camiseta de Telepizza, pantalón corto patrocinado por JB Scotch Whiskey, gorra de Movistar y reloj del BBVA?¿Quién no ha visto en la playa a la típica familia con balón de Nivea, toalla de Amena, colchoneta de Marlboro y sombrilla de El Águila?.

Igual que existe el cleptómano (adicto a lo robado), existen los buitres desagradecidos (adictos a lo gratuito) para los cuales no me queda más que pedir cortesmente un adjetivo a la Real Academia de la Lengua.


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